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Shantal, crimen sin culpable

cristo_crucificado_daliRevista Proceso 1929, Rodrigo Vera

La violación y asesinato de la adolescente Shantal González, ocurridos en San Luis Potosí hace seis años, parecían temas resueltos y con el criminal –un sacerdote salesiano– en la cárcel. Sin embargo, hace un par de meses la Suprema Corte reavivó el caso al declarar inocente al inculpado y ordenar su liberación. Pero hay voces que alertan: el cura sí es culpable, es un psicópata y la recuperación de su libertad obedeció a negociaciones políticas del más alto nivel. El crimen está rodeado de secretos, eventuales encubrimientos, desapariciones y probablemente más homicidios, comenta a Proceso un especialista que participó en la investigación.

El pasado 21 de agosto el sacerdote salesiano José Carlos Contreras Rodríguez –sentenciado a 33 años de cárcel por la violación y asesinato de la menor Shantal González– recibió una noticia en su celda del penal potosino de La Pila: la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) acababa de determinar su inocencia y ordenaba su libertad inmediata.

El fallo de la SCJN puso fin a los cuatro años de cautiverio de Contreras y le dio un vuelco a la disputa político-judicial entre el gobierno estatal (encabezado por Fernando Toranzo) que encarceló al sacerdote y las altas esferas del Vaticano, empeñadas en sacarlo de prisión para lavar la imagen de una Iglesia ya de por sí muy cuestionada por sus numerosos escándalos de pederastia.

El 21 de agosto, con cuatro votos a favor y uno en contra, la Primera Sala de la SCJN –en la revisión del amparo directo 78/2012– determinó que las pruebas aportadas por el gobierno de Toranzo “carecen de sentido”, por lo cual el religioso debía ser puesto en libertad “al no ser responsable de los hechos que se le imputan”.

Afuera de La Pila, al salesiano lo abordó un nutrido grupo de periodistas. Amable y sonriente, Contreras comentó que había puesto toda su confianza “en Dios” y “en la Iglesia” para salir libre, y pidió a las autoridades aprehender al verdadero asesino.

“Vamos a pedir que se haga justicia. Que haya justicia para Shantal. Que esto no quede impune”, dijo, flanqueado por su influyente defensor Armando Martínez, presidente del Colegio de Abogados Católicos.

Sin embargo en San Luis Potosí mucha gente está segura de que el sacerdote es culpable. Algunos analistas y criminólogos afirman que su excarcelación es producto de negociaciones políticas de muy alto nivel, en las cuales incluso llegaron a intervenir en años pasados Benedicto XVI y el entonces presidente Felipe Calderón.

Intervención vaticana

En entrevista con Proceso el perito en criminalística Julio Ceballos, quien le ha dado un minucioso seguimiento al caso con investigaciones que influyeron en el arresto del religioso, asegura tajante: “No me sorprendió para nada el fallo de la Suprema Corte. ¡Para nada!

“Ese fallo ya se veía venir desde que el Colegio de Abogados Católicos asumió la defensa del padre José Carlos, pues ese colegio y su presidente Armando Martínez reciben instrucciones directas del Vaticano, sobre todo para impedir en México la legalización del aborto y de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Eso está comprobadísimo. Son un brazo de la ultraderecha. Por eso cuando el colegio se metió al caso Shantal yo me dije: ‘Ya se metió de lleno el Vaticano y seguramente le va a tirar línea a la Corte’. Y así fue. Todo era muy previsible”.

–¿El Vaticano influyó entonces sobre los ministros de la Corte?

–¡Sí! ¡Definitivamente! Y quien estuvo promoviendo el caso en la Corte fue la ministra Olga Sánchez Cordero. El Vaticano les tiró línea a los ministros. Fue una decisión meramente política. Y la Corte absolvió al religioso valiéndose de un procedimiento legaloide, muy ajeno a la justicia y a la verdad histórica.

Autor de dos libros sobre el caso –Shantal. Asesinato en el salesiano y Carlos. Un cura en llamas–, Ceballos dice que siguió paso a paso las negociaciones del Vaticano para poner en libertad a Contreras.

Señala que primero intervino el rector mundial de la orden de los salesianos, Pascual Chávez Villanueva, radicado en Roma y quien por ser potosino estuvo muy interesado en echarle tierra al crimen, ocurrido en octubre de 2007 en el Instituto Salesiano Carlos Gómez de esta ciudad y donde José Carlos Contreras dirigía la primaria. Shantal, de 16 años, cursaba ahí el cuarto semestre de bachillerato.

Relata Ceballos: “Pascual Chávez nació en una comunidad del municipio de Real de Catorce. Estudió aquí en San Luis. Luego se va al Vaticano y allá hace una brillante carrera que lo encumbra a líder mundial de los salesianos. El asesinato de Shantal lo alarmó mucho porque ocurrió en su tierra natal y justamente en una escuela salesiana.

“Gente muy cercana a Pascual me comentó que éste vino a México y logró hablar con el presidente Felipe Calderón, pidiéndole que lo ayudara a calmar el escándalo. Y Calderón a su vez le pide el favor al entonces gobernador de San Luis Potosí, el panista Marcelo de los Santos, quien empieza a proteger a los salesianos.

“Pero sale Marcelo y entra Toranzo. Y éste sí aprehende al salesiano. El arresto traía tan preocupada a la Santa Sede que en marzo de 2012, durante la visita del Papa Benedicto XVI a Guanajuato, se abordó el asunto dentro de los temas de agenda entre los jefes de Estado. No era para menos pues es un crimen considerado de alto impacto social e incluso de dimensiones internacionales.”

Reconstrucción

El día del asesinato, el sábado 20 de octubre de 2007, Shantal llegó a las 9:08 horas al Instituto Salesiano. Su madre, Teresa Bibiana López Ortega, la llevó en automóvil hasta la puerta de la escuela, plantel constantemente vigilado con videocámaras.

Shantal tenía entrenamiento con el grupo de porristas. A las 13:40 le envió a su mamá un mensaje por celular: “Ma ya stoy akin la escuela”. Fue la última señal de vida enviada a su familia. Al paso de las horas y cuando Shantal no volvió a su casa, su madre intentó comunicarse con ella por celular y no lo logró. Ese día y el siguiente se le estuvo buscando.

No fue sino hasta el 22 de octubre cuando se encontró su cadáver en el salón de usos múltiples, en la planta alta de la escuela. El cuerpo estaba bajo un colchón de prácticas de tae-kwon-do. Shantal estaba semidesnuda, con el brasier desgarrado y la blusa abierta. La cara golpeada. La ahorcaron con un cordel de su mochila y todavía lo tenía alrededor del cuello. La necropsia reveló que había sido violada.

El gobierno del panista Marcelo de los Santos, cuyo procurador era Francisco Martín Camberos, empezó a darle largas a la investigación: dijo que la escena del crimen había sido contaminada y sería muy difícil dar con el culpable.

En 2008 apareció Shantal. Asesinato en el salesiano, libro de Ceballos donde se incluyeron documentos, fotografías y testimonios de la averiguación previa, hasta entonces secretos. El autor afirmaba que el asesino fue uno de los seis religiosos que habitaban en la casa sacerdotal, ubicada dentro del Instituto Salesiano: Antonio Martínez (director del plantel), Luis Miguel García, José Carlos Contreras, Miguel Huerta, Pedro Vallejo y Francisco Zárate.

Ceballos aseguraba que todos los indicios apuntaban a que Contreras violó y asesinó a la adolescente en su habitación y después llevó el cadáver al salón de usos múltiples para no inculparse. Incluso algún otro salesiano pudo haberle ayudado a mover el cuerpo. Pero en definitiva hubo complicidad y encubrimiento de los religiosos.

En septiembre de 2009 el priista Fernando Toranzo asumió el gobierno potosino. Y a diferencia de su antecesor dejó de proteger a los religiosos, además de realizar una audaz maniobra contra ellos: nombró procurador al abogado del Instituto Salesiano –es decir, quien llevaba la defensa de la institución en el caso Shantal–, Cándido Ochoa Rojas, quien ahora ya es secretario general de Gobierno y considerado desde entonces traidor por sus antiguos empleadores.

En octubre de 2009 Contreras fue arrestado. La juez Juana María Castillo lo condenó a 33 años de prisión por los delitos de violación y homicidio calificado. Para la Iglesia era inadmisible que uno de sus sacerdotes estuviera tras las rejas bajo cargos tan denigrantes.

En 2010 el Colegio de Abogados Católicos tomó la defensa del salesiano y llevó el caso a la SCJN.

Pruebas desestimadas

“La Corte determinó que las 256 pruebas que inculparon al religioso son ilógicas. ¡No puede ser! ¡No puede ser que la Corte diga tal disparate! Al contrario, todas las pruebas tienen una concatenación lógica y natural de ese hecho criminal. Son pruebas indiciarias que ubican a la víctima y al victimario en tiempo, modo, lugar y ocasión, como yo ya lo había expuesto en mi libro”, comenta Ceballos a Proceso.

–¿Qué pruebas contundentes podría mencionar?

–A Shantal la violan y la matan entre las 14:00 y las 14:45 horas. Pues bien, hay una testigo, la guardia de seguridad Galdina Flores, quien declaró haber visto a Shantal alrededor de las dos de la tarde a las puertas de la casa salesiana. Galdina dijo que recibió amenazas del padre José Carlos para que no dijera nada, pero su conciencia no le permitió callar.

“Aparte, durante las investigaciones se realizó la prueba del luminol, una prueba química forense de rastreo hemático. Esa prueba detectó 73 rastros de sangre que iban de la recámara del religioso al salón donde se encontró el cadáver. En fin, quedó comprobadísima su culpabilidad, al grado de que la defensa del padre José Carlos no pudo aportar ninguna prueba de descargo.”

–¿Usted ya tiene bien elaborado el perfil criminal del asesino?

–Sí. Desde que empecé a señalar al religioso como el asesino, en la revista Expresión San Luis, comencé a dar datos sobre su perfil criminal. Hoy tengo la plena certeza de que es un psicópata. Existe la falsa creencia de que los psicópatas son personas toscas, hurañas y deformes. No es así, son generalmente personas cultas y refinadas, de buena presencia física y con mucha aceptación social. Pero no tienen remordimientos ni sintonía emocional con sus víctimas.

“El día del crimen el padre José Carlos estaba en su habitación y vio afuera a Shantal –siempre se refería a ella como ‘la niña de las caderas bonitas’–. La vio sola y completamente vulnerable. Él es un fisicoculturista de más de un metro 80 de estatura. Ella, una niña con 48 kilos de peso. Seguramente la llamó y Shantal entró confiadamente a la recámara. Ahí la violó y la mató espantosamente. No es la satisfacción sexual lo que mueve al psicópata, sino la sensación de poder sobre la víctima, al extremo de gozar al provocarle la muerte.

“Al recibir su sentencia, el padre iba vestido con ropa morada y negra para realizar un ritual muy raro: se quitó los zapatos y los calcetines y los bendijo. Después se arremangó los pantalones y se sentó descalzo en el piso en señal de inocencia y humildad. Estuvo preso en el área geriátrica de La Pila, la sección carcelaria para los privilegiados. Vivió cómodamente; tenía televisión, refrigerador y una sala bien amueblada para recibir a las vistas.

“Tampoco mostró ningún arrepentimiento al salir de la prisión. Todo lo contrario; volvió a declararse inocente y a pedir justicia para Shantal. Si ya de por sí es muy difícil rehabilitar a un psicópata, ya se imaginará lo que provocará la impunidad: reforzará todavía más sus psicopatías.”

–¿Cómo consiguió usted la averiguación previa que realizaba la procuraduría estatal?

–De manera anónima me llegó parte del expediente, quizá porque tengo ascendencia en los círculos policiales debido a mi larga experiencia; he resuelto más de mil asesinatos en 37 años de carrera. Y este crimen decidí investigarlo por cuenta propia y con dinero de mi bolsillo. Junté mi investigación con esas partes del expediente en mi primer libro, Shantal. Asesinato en el salesiano, que contribuyó muchísimo al arresto del padre José Carlos.

“Algunos dicen que detrás de mí hay enemigos ocultos de la Iglesia, como los masones, que mis dos libros fueron escritos por otra persona o que trabajo para el gobierno de Toranzo. Nada es cierto. Incluso soy un acérrimo crítico del actual gobierno estatal. Eso sí, siempre me han indignado los feminicidios y sobre todo éste del salesiano, que casi me cuesta la vida por haberlo investigado.”

Al decir esto Ceballos se toca la larga cicatriz que le atraviesa la sien derecha y explica: “Un machetazo. Una noche, en octubre de 2008, caminaba por una calle solitaria y de repente me agredieron con un machete. Me defendí como pude. Por ese tiempo recibía amenazas telefónicas de muerte… Sospecho de los salesianos”.

También refiere que en diciembre de 2010 fue detenido por la Marina, la cual lo entregó a un grupo especial del Ejército que a su vez lo llevó a las oficinas de la entonces llamada Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada en la Ciudad de México, donde fue interrogado sobre el caso Shantal. De ahí lo trasladaron al penal tamaulipeco de Santa Adelaida, donde estuvo siete meses preso en una celda subterránea.

“Me acusaban de tener vínculos con Los Zetas. Nada pudieron comprobarme. Todo fue un montaje. Tuvieron que dejarme en libertad”, dice.

El criminalista hace una pausa. Luego comenta intrigado y meditabundo: “Han pasado muchas cosas extrañas en torno al caso. Por ejemplo, quien escribió los prólogos de mis dos libros, Israel Cárdenas Martell, ya lleva dos años desaparecido; sospecho que muerto. Uno de los religiosos del salesiano, Luis Miguel García Longoria, murió en un accidente automovilístico después de hacer declaraciones sobre el libertinaje sexual y la corrupción en el instituto. Y la familia de Shantal desapareció; no sabemos nada de ella”.

–¿El fallo de la Corte le pondrá punto final a todo esto?

–No. El caso sigue más vivo que nunca. La Corte lo revivió. Por lo pronto escribiré otro libro sobre la decisión política de los ministros y sobre el religioso en libertad. No olvidemos que es un psicópata muy peligroso, hay que seguirle la pista… puede reincidir.

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