Sucesos que incomodan: Crítica de la vida nacional, política, noticias y columnas.

Esclavas sexuales

Icela Lagunas, Reporte Indigo

Gracias a que Pamela se atrevió a pedir ayuda a uno de sus ‘clientes’, el responsable de una red de trata de mujeres ya está tras las rejas. 

De pie, sobre altísimos tacones, se aproxima al coche de un cliente. Le toca el vidrio para ofrecerle su cuerpo, le promete que le va a gustar.

Sin embargo, es solo el pretexto para dejar caer una carta doblada en la que le pide ayuda a ese desconocido: “Me obligan a prostituirme, me están vigilando”, dice el mensaje que también incluye su número de teléfono celular.

Miró a los ojos al “cliente” con miedo, deseando que ese hombre entendiera lo que le decía en el improvisado mensaje. Y más aún, deseando que se atreviera a ayudarla.

Pese a que sabía que se jugaba la vida, Pamela se atrevió de esta forma a denunciar una peligrosa red de trata de personas que la había enganchado en su pueblo natal, Escuinapa, Sinaloa y que por años la había obligado a prostituirse en diferentes estados del país.
Pamela es el nombre con el que esta joven de 23 años, se dio a conocer en el mundo del sexoservicio.

El mismo, que por seguridad y protección de su verdadera identidad, se manejaen este artículo, pues con su carta propició la captura de Noé Quetzal Méndez Guzmán o José Antonio del Ángel, quien era buscado por el Buró Federal de Investigaciones (FBI) por sus siglas en inglés, por encabezar una red internacional de trata de personas.

Allan, el hombre que esa noche bajó de su vehículo a sacar dinero del cajero automático que se encuentra en Sullivan y que fue abordado por Pamela decidió ayudarla.

Días después de que recibió el papel, hizo contacto vía telefónica con ella y se enteró que el “padrote” o “chulo” la golpeaba brutalmente, le exigía cada vez más dinero y la mantenía bajo amenaza de no volver a ver a sus dos pequeñas hijas en caso de que ella se negara a prostituirse.

Por eso es que decidió llamar de manera anónima a la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal (PGJDF), en donde relató que una joven que ejercía el sexoservicio en la zona de Sullivan en la colonia San Rafael de la delegación Cuauhtémoc, le pidió ayuda pues la mantenían vigilada para que no escapara.

No fue instantáneo pero la PGJDF preparó un operativo que permitió rescatar a Pamela de esa red de trata de personas, que tenía como sede de operaciones Tenancingo; Tlaxcala, uno de los pueblos considerados cuna de lenones que da cobijo a historias de mujeres engañadas y obligadas a prostituirse.

Noé Méndez Guzmán; Noé Quetzal Méndez Guzmán; Quetzal Noé Méndez Guzmán o José Antonio del Ángel del Ángel, son los nombres que utilizaba este padrote para enganchar a sus víctimas. Ya está tras las rejas.

La de Pamela es la historia de miles de jovencitas que son enganchadas con promesas de amor, de casamiento y de trabajo en zonas rurales de México. Después su cuerpo se convierte en una máquina de sexo que produce ganancias mensuales de hasta 180 mil pesos que son entregados íntegros a sus explotadores.

Las víctimas están ahí, a la vista de todos, paradas sobre sendos tacones a plena luz del día o callejones semioscuros del Barrio de La Merced; San Pablo, Izazaga; Buenavista o Sullivan, por mencionar solo algunas zonas del Distrito Federal.

Mujeres jóvenes, victimadas por su “chulo” y la red que le da cobijo a éste; dueños de hoteles, operadoras de burdeles, cuidadoras, taxistas y a veces, hasta policías.

La red genera millones. No en vano el delito de trata de personas es considerado como la nueva esclavitud moderna. Y no todas corren con la suerte de Pamela que pudo escabar de esa vida. A muchas les cuesta, incluso, la vida.

De Escuinapa a Tenancingo

Iba a cumplir 19 años, trabajaba en ese tiempo en una zapatería de Escuinapa. Su padre Gustavo, había muerto. Su madre, Miguelina, se casó por segunda vez.

Fue ahí donde conoció a ese hombre amable que entró al negocio a comprar zapatos. Se dirigió a ella, le pidió que le mostrara algunos pares mientras le preguntaba su nombre.

Se declaró enamorado, le dijo que él buscaba a una mujer así de bonita como ella para casarse y ese mismo día la invitó a cenar para festejar el cumpleaños número 19 de ella.

Así declaró la víctima cómo conoció a Quetzal en la averiguación previa FDS/FDS-3/T1/00323/12-07 que inició la Fiscalía Especial contra Delitos Sexuales de la PGJDF.

Ella aceptó esa y luego una segunda invitación a comer. Quetzal no dio tregua, insistió en que quería casarse con ella y que de inmediato la llevaría a su estado natal, Tlaxcala, a que conociera a sus padres.

La joven se deslumbró. Era la primera vez que alguien le proponía salir de su pueblo en Sinaloa. A bordo de un Jetta blanco cruzaron el territorio mexicano con dirección al sur.

Quiso regresar, le dijo a Quetzal que la llevara de vuelta. No hubo retorno. Pamela no solo conoció Tlaxcala. La todavía adolescente recorrió San Luis Potosí, Guanajuato y Distrito Federal. La habían convertido en puta.

Ya en Tenancingo, después de su viaje en carretera, conoció a Fortina y Crecenciano, dos viejos de sesenta años, padres de Quetzal que la recibieron “amablemente” en su casa.

Cómplices de las actividades de su hijo, los dos viejos le dieron hospitalidad a la joven, sabedores de cuál sería su destino próximo y del papel que a ellos les tocaría jugar.

Era el año 2008. Después de seis semanas de romance y amorío el hombre que le dijo que era diseñador gráfico comenzó a ausentarse por supuestos motivos de trabajo. Hasta que un día regresó y le dijo que no tenía dinero y que ella podía ayudarle a trabajar.

Pamela aceptó, le dijo que pronto acudiría a centros comerciales en busca de un trabajo, lo único que sabía que había hecho en Sinaloa.

Pronto comenzó a conocer al verdadero Quetzal quien le dijo que el trabajo que deja mucho dinero era el de prostituta.

“Le dije que no, comenzó a jalarme y aventarme, hija de puta madre, no es lo que tú digas, déjate de mamadas y ponte esta ropa”, le grito mientras le aventaba un vestido corto, ajustadísimo de colores llamativos y zapatillas altas.

Luego a empujones la sacó de la casa y la llevó a San Luis Potosí donde la instaló en la zona conocida como el Callejón del Codo. Le ordenó en qué hotel hospedarse, cuánto cobrar a cada uno de los clientes, cómo ofrecer el servicio y otras cuotas por actividades sexuales adicionales.

Joven y atractiva, Pamela fue áltamente requerida por los clientes que acudían a ese lugar. En esa zona, la jovencita comenzó a redituarle hasta tres mil pesos diarios, mismos que su “chulo” le exigía íntegros.

Luego de explotarla ese año en San Luis Potosí, en enero de 2009 la llevó al Distrito Federal donde la instaló en una casa de huéspedes, donde se albergaban otras mujeres dedicadas a las prostitución, en la calle de Aldama en la colonia Guerrero de la delegación Cuauhtémoc.

Pamela seguía rehusándose, sin embargo, cada vez que se atrevía a expresar su deseo de salir del sexoservicio Quetzal la golpeaba y la amenazaba con decirle a su familia en Sinaloa sus actividades.

Así llegó a la zona de San Pablo, en las inmediaciones del Centro Histórico y La Merced en la Ciudad de México. Se le ordenaron las nuevas cuotas que tendría que cobrar, 160 por 15 minutos de relación sexual con el cliente, por lo que producía ganancias diarias de entre cuatro mil a seis mil pesos.

Fue ese año que Pamela resultó embarazada de Quetzal por lo que forzadamente tuvo que retirarse tan solo por dos meses mientras ocurría el parto y unos cuantos días de reposo.

A finales de 2009, en el mes de diciembre, nacieron sus gemelas. El recurso perfecto que Quetzal utilizó para esclavizarla aún más a la prostitución. Si Pamela no le entregaba las cuotas de dinero, jamás volvería a ver a sus hijas, fue la amenaza constante.

Luego de ese evento la trasladó a Irapuato, Guanajuato, donde la colocó cerca de la terminal de autobuses de esa ciudad y la instaló en un pequeño hotel, del mismo estilo de los otros.

“Te quedas a chingarle para que ganes dinero para mantener a las niñas y si no mandas dinero, no vuelves a ver a tus hijas”, le dijo antes de que él regresara a Tlaxcala a seguir manejando sus presuntos negocios.

Desde esa ciudad, Pamela hacía depósitos, ganaba hasta cuatro mil pesos diarios, mismos que sin falta enviaba a Tlaxcala para la presunta manutención de sus pequeñas, quienes eran cuidadas por Fortina, su suegra.

Ya en junio de 2010, Quetzal le ordenó regresar al Distrito Federal, una de las plazas más redituables del sexoservicio. Pamela acudía cada tres meses a visitar a sus pequeñas siempre bajo la supervisión de sus suegros.

Luego para infundir más temor, el lenón la amenazó con acusarla ante el DIF de abandono de hogar y arrebatarle para siempre a sus hijas.

Para 2012 la movió a la zona de Sullivan donde le exigió una cuota muchos más alta de ganancias.

“Me pidió más dinero, me daba patadas, cachetadas, golpes en el estómago”, relató ante el Ministerio Público.

Fue cuando se atrevió a pedir ayuda a aquel extraño. La carta motivó una investigación, posteriormente un operativo, Quetzal está tras las rejas. Ella, recuperó su libertad.

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