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Xochiquetzal: Refugio para prostitutas de la tercera edad

La Casa Xochiquetzal, única en américa latina que ofrece techo, comida y atención medica a mujeres de la tercera edad que ejercieron o aún ejercen la prostitución está hubicada en el centro histórico de Ciudad de México, sirve de refugio para 23 trabajadoras y ex trabajadoras sexuales de la tercera edad. Desde que abrió sus puertas en 2006, unas 300 mujeres han pasado por este centro que además de ofrecer un techo para dormir y alimento, protege a unas compañeras acostumbradas a la vida de la calle. La mayoría de las residentes de la casa Xochiquetzal fueron vendidas en su infancia a redes de trata de personas. [Click para ver video]

Leticia, de 73 años, a quien circunstancias trágicas la llevaron a ese oficio. Refiere que a los 11 años fue raptada en su pueblo, Tetela, Oaxaca, por un hombre llamado Fernando. No hubo noviazgo, dice, “fue una venganza contra mi familia porque no lo querían; cuatro días me tuvo encerrada en un cuarto en Veracruz, y luego me pidió que regresara a mi casa, pero mi familia ya no me quiso recibir.

“Luego me trajo al DF, donde tuve a mi primer hijo, a los 13 años, pero su padre me abandonó. Más tarde reiniciamos nuestra relación y tuve cuatro hijos más, pero llevaba una vida de perros, me pegaba muy feo, de la nada me pegaba, pero a pesar de todo duré con él 25 años”.

Fue el propio Fernando quien la inició en la prostitución. “Desde entonces me volví una mujer amargada, no me gusta hablar, y siento que toda la gente que se me acerca es falsa e hipócrita”, indica después de un largo silencio que rompe su voz quebrada por el llanto.

Laura 60 años
“Me gustaría tener un trabajo para irme a vivir sola. Yo soy seria. Empecé a trabajar grande, pero por otros rumbos, por Revolución, porque aquí me da miedo. Yo comparto el cuarto con esa viejita, tiene 94 y dice que tiene 40”.

Mirna 74 años
“Yo empecé muy chica, como de 12 años, en un cabaret. Me salí de mi casa porque mi madrina me trataba muy mal, entonces mis amigas me llevaron. Me veía más grande porque estaba muy bien formada. Anduve rodando por muchos lados, luego me enredé con un fulano que me golpeaba mucho, tuve cuatro hijos y los fui a dejar con mi mamá. Estoy delicada de salud, pero me gustaría trabajar de barrendera, que se me hace lo menos pesado, y juntar unos centavitos para irme con una de mis hijas.
Estaba vendiendo dulces, chicles, chocolates, cigarros, pero ya no nos dejan vender. También se me quitaron las ganas”.

Denisse 65 años
“Yo me encierro a bordar en mi cuarto y trato de estar tranquila. Trabajé desde los 18 y tengo poco que dejé de trabajar, por lo mismo de que ya no hay nada. Yo ya no espero nada, yo ya viví, ya bailé, ya cotorrié, ya lo que estoy viviendo es ganancia”


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